El año pasado la mamá de la Romina pensaba que yo era una mala influencia para su hija porque tomaba café en el colegio delante de ella, cuando la Romina es mormona (y los mormones no toman café). Creo que si supiera las cosas que hablamos ahora (todo aquello que los colegios y el Ministerio de Educación nunca difunden) se moriría de un patatún pero antes pondría una demanda en mi contra que dijera que no puedo acercarme a menos de 100 metros de su hija. Jojo.