Hoy vino Juan Carlos a la casa. Me gusta que con mi papá se lleven bien. Mi mamá es un punto aparte. Y vaya qué aparte. Tomamos once, nos fuimos al On the run, ayudamos a un gato pequeño, luego él pasó a la iglesia, después compró una revista, volvimos a mi casa a buscar plata y las cosas, fuimos a la farmacia, lo dejé en el colectivo que va para Mapocho y mañana nos vemos de nuevo.

Por otra parte, mi amiga Romina está creciendo demasiado y lo mejor, es en el aspecto personal-espiritual. Está madurando como nadie jamás pensó que lo haría. Tanto, que saca conclusiones impresionantes. Es como si de pronto Barbie o Paris Hilton (versión virgen) lograra filosofar en serio, opinar en serio, concluir en serio y ayudarte con las trancas personales de la infancia, por ejemplo. Mucho mejor que un psicólogo o un psiaquiatra.

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